Admir
dio media vuelta y salió de allí. Sin saber muy bien qué hacer
volvió a su casa, entró en su taller y se sentó de nuevo frente al
violín. Empezó a pensar en cómo podría ayudar a su amigo. Así
estuvo más de cinco horas, sin ninguna idea. Finalmente se levantó,
nuevamente frustrado, y gritó:
-
¡Argghhh! ¡Ójala alguien más sabio y listo que yo pudiera aconsejarme! ¡No sé hacer nada! ¡Ni violines, ni ayudar a mis amigos, ni nada!
-
¡Ehh, no tan rápido! Creo que violines sí que sabes hacer. Y algún que otro mueble. Jeje.
-
¿Ehh? ¿Quién habla?
-
¡Soy yo, tontorrón! ¡Aquí, encima de la mesa! ¿No me ves?
-
Ehhmm... ¿Eres mi nuevo violín?
-
Siiii. Soy yo.
-
No entiendo nada. Me estoy volviendo loco. Sí, eso es. Loco de remate. Tanto tiempo aquí encerrado trabajando, y al final se me ha ido la cabeza. Los violines no hablan.
-
Que no, hombre, que no estás loco. Jajaja. Que de verdad hablo. Soy un violín encantado.
-
¡Los violines no hablan! Ahora mismo te tiro a la estufa para que te quemes.
-
¡Espera! No me quemes. Te lo puedo explicar todo. Fue culpa del rayo. Sí, del rayo. Los violines normalmente no hablamos; pero yo soy especial, porque la madera de la que estoy hecho ha sido tocada por los fuegos del cielo. Tú, con tus habilidosas manos, me has dado vida y voz, y por ello te estoy agradecido. Anda, no me quemes. Seguro que puedo hacer algo por tí ¿Sabes? Soy muy listo, y creo que puedo ayudar a tu amigo Pèrlav.
-
Pues casi todo. He estado escuchando tus pensamientos durante toda la tarde, cuando estabas ahí sentado frente a mí. Y creo que tengo un plan para sacar a tu amigo de la cárcel y demostrar su inocencia.
-
Ésto es de locos. Estoy hablando con un violín. Con un violín que dice ser más listo que yo y que encima puede escuchar mis pensamientos. Se acabó. No lo soporto más. Vas a ir derechito a la estufa.
-
¡Espera! ¡Noooooo!
Admir
agarró el violín por el mástil y lo arrojó al fuego. Contempló
cómo las llamas lamían la madera, acariciándola con sus dedos
ardientes. Luego se fue a dormir. -" Todo esto ha sido un mal
sueño" – se dijo - "Seguro que tantos días maldurmiendo
y malcomiendo me han pasado factura. Voy a descansar bien y mañana
todo volverá a su cauce ¡Ah! Y se acabaron los violines. A partir
de ahora me dedicaré a fabricar muebles, que es lo que tenía que
haber hecho desde un principio. No más clavijeros, ni barras
armónicas ni cajas de resonancia ¡Basta ya de jugar a ser luthier!"
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